Interculturalidad, gestión de la convivencia y diversidad cultural
en la escuela: un estudio de las actitudes del profesorado
En una sociedad multicultural como la nuestra en la que la integración
y la interculturalidad en la vida cotidiana es una utopía y por tanto una tarea
pendiente, recae como otra de las labores a llevar a cabo por parte del
profesorado -educar en la interculturalidad-; como si los docentes no contasen
con suficientes obligaciones en el desempeño de su labor. Si bien considero
fundamental que los profesores educan en la interculturalidad como medio de
integración y catalizador de una sociedad más respetuosa y cercana entre sus
miembros, también creo absolutamente necesario plantear el discurso de uno de
los agentes implicados: los padres del alumnado español.
El alumnado suele generar su taxonomía y por ende una serie de
prejuicios en su vida fuera de la escuela, definiendo así que sus compañeros
son "negros", "moros" o "panchitos" por aquello
que escuchan durante su desarrollo en sus casas y en sus relaciones familiares
y de amistad, por lo que es conveniente que los propios padres del alumnado se
impliquen, tanto de familias españolas como de aquellas extranjeras, tanto para
fomentar el intercambio cultural como la comprensión mutua.
¿Pero de dónde proceden estos prejuicios étnicos? Se puede aducir una
respuesta rápida y a la par bastante acertada: la falta de igualitarismo en
"las reglas del juego", que favorecen de modo explícito y declarado
en numerosas ocasiones y de manera oculta en otras tantas a las familias
inmigrantes, considerando la compensación como el medio básico para su
integración. Dichas decisiones, que responden a cuestiones políticas y proceden
de los estamentos gobernantes, generan rechazo hacia al inmigrante y plantean
desigualdades en el uso y disfrute de los servicios del estado del bienestar,
provocando un malestar significativo en la población española.
De nuevo nos encontramos ante otro dilema, los gobernantes. Otro de
los agentes implicados en el sistema educativo y a la postre el más relevante
por su poder y capacidad para empeorar o mejorar su funcionamiento. Son las
decisiones políticas las que en gran medida evitan la verdadera
interculturalidad, puesto que delegan la labor en el personal docente y en los
centros, y como se indicaba antes, ya desarrollan numerosas tareas y en muchos
casos se encuentran desbordados por cuestiones internas del centro debido a
recortes presupuestarios o conflictos propios. Podemos enlazar los recortes con
la escasa formación en integración intercultural que las administraciones
proveen a los centros y los docentes, siendo fundamental y casi de obligada
inclusión en másteres de formación de profesorado y durante la formación
continua como profesores, ya que conocer las herramientas permitirá valorar y
sacar lo mejor de todas las situaciones que se plantean, puesto que el
conflicto siempre permite aprender, de igual modo que los conflictos personales
e individuales durante el desarrollo de nuestro proyecto de vida nos conforman
como personas y nos posibilitan la mejora y el aprendizaje.
En definitiva, la interculturalidad es un tarea pendiente del sistema
educativo que debería ser promocionada, financiada y enseñada por parte de los
poderes públicos, no sólo para adaptarse a la realidad mutable que implica la
inclusión de inmigrantes en el sistema, también para generar un clima de
convivencia, respeto y comprensión con las particularidades de cada uno de los
individuos y dado que en el sistema educativo siempre ha habido minorías
definidas por distintos motivos (orientación sexual, tribus urbanas, gustos
culturales, etc.), es evidente que la interculturalidad en las escuelas y en
especial en los altos estamentos del sistema educativo se encuentra en un
desarrollo muy somero.
Pablo Herradón Hurtado.
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