jueves, 9 de enero de 2014

3ª Lectura: "La evaluación interna de los centros", por Nuria Zapardiel Castellanos

En este artículo de David Nevo se plantea la puesta en práctica de la evaluación en los centros docentes siguiendo un sistema que combine la evaluación interna (en la que participan personas relacionadas de alguna forma con el centro) con la evaluación externa (realizada por personas ajenas al centro). Nevo cree que se ha hecho demasiado hincapié en señalar las diferencias entre evaluación externa y evaluación interna, siendo en realidad la manera más completa de evaluar una que integre los dos sistemas.
Ambas formas de evaluar tienen sus pros y sus contras. Por ejemplo, los evaluadores internos pueden tener a su favor un mejor conocimiento del entorno y del funcionamiento del centro, pero esa misma conexión podría restarles credibilidad. Por ello, Nervo opina que la evaluación interna puede ser útil para determinar qué elementos deben mejorarse (evaluación formativa), mientras que la evaluación externa sería más adecuada para delimitar responsabilidades (evaluación sumativa).
El autor hace referencia a un proyecto de evaluación docente puesto en marcha en Israel en el que se tenía en cuenta tanto la evaluación externa como la interna. Se componía de cuatro fases principales: la primera fase consistía en impartir seminarios de formación a profesores y directores, durante la segunda fase se creaban equipos de evaluación constituidos por tres o cuatro profesores, en la tercera fase ese equipo se incorporaba de manera permanente a la estructura del centro y en la cuarta se consideraba que el centro ya estaba preparado para ser sometido a una evaluación externa.
A la hora de iniciar un sistema de evaluación docente como el que propone Nervo se debe atender a ciertos factores, como evaluar únicamente a los alumnos y sus resultados, sino a todo lo que concierne al centro. La evaluación, además, debería ser tanto formativa como sumativa: constructiva para el mejorar funcionamiento del centro, pero también útil para demostrar su calidad. No es necesario realizar una valoración de conjunto, ni evaluar siguiendo un único criterio, ya que son mucho más útiles los juicios de valor específicos. También es importante dotar a los evaluadores de instrumentos sencillos de manejar y que aporten una interpretación de los resultados relevante.
El hecho de que los propios profesores formen parte de los evaluadores puede ser muy beneficioso gracias a su formación pedagógica, a los conocimientos que poseen del centro y a que no van a ser interpretados como una amenaza dentro de él. A pesar de ello, carecen de experiencia como evaluadores, algo que puede solucionarse dotándoles de la formación pertinente, sin olvidar que la mejor fórmula para aprender a comprender y a desarrollar la evaluación es poniéndola en práctica (“aprender aprendiendo”).
Nervo finaliza su artículo con una reflexión acerca de la necesidad de cambiar nuestra forma de pensar sobre la evaluación docente. En su opinión, sería preferible concebirla como una herramienta que acerque y fomente el diálogo entre los miembros de la comunidad educativa y el resto de la sociedad, en  lugar de interpretarla como una amenaza.
Personalmente, me parece acertada la manera de evaluar que propone Nervo, puesto que la combinación de la evaluación interna con la externa puede suponer una evaluación mucho más completa que si se realiza únicamente una de ellas. Creo que ambas deberían funcionar de manera interdependiente, dado que de esa manera se pueden obtener unas observaciones más amplias, además de sumar las ventajas que posee cada forma de evaluar para tratar de mitigar las desventajas asociadas a cada una de ellas en su aplicación individual.

Nuria Zapardiel Castellanos.

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